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22 de abril de 2012

Racing lo vivió como un desahogo

Después del cachetazo sufrido ante Independiente, y con el debut de Zubeldía en el certamen, la Academia venció sobre el final a San Martín, de San Juan, que terminó con nueve jugadores; mirá el video. Por Damián Cáceres

 

Luis Zubeldía, que debutaba como DT de la Academia en el Clausura, lo había adelantado: "Racing no es el Bayern Munich". Lo demostró en su cancha, ante un rival tan limitado como ordenado, al que sólo pudo perforar a siete minutos del final, cuando los cambios surtieron efecto y tres viejos conocidos de las inferiores como Luis Fariña, Valentín Viola y Pablo Caballero -autor del gol- torcieron la historia. 

Racing vivió todo el primer tiempo en estado de shock. Su memoria emotiva estaba anclada en el clásico perdido por goleada, a la salida traumática de Coco Basile, al vestuario roto luego del partido. Jugó bloqueado, con las piernas pesadas y las neuronas desconectadas. A nadie le extrañó que la jugada más clara de esa primera parte fuera un remate desde afuera del área de Carrusca. A Racing le daba miedo buscar el partido. No se atrevía. Parecía no poder... 

Cuando los jugadores volvieron del entretiempo, la hinchada se encargó de sopapearles la memoria. Hurgó en el amor propio y el equipo pareció escuchar. Salió tonificado, con el chip que pedía el partido. Sus jugadores se adelantaron en el campo y acorralaron a los sanjuaninos contra su arco. Después de 45 minutos de letargo, Racing se despertaba del letargo y dejaba atrás la modorra y el silencio en el que lo había sumido Independiente. 

A los 17 minutos, Cahais cabeceó de palomita en el área chica y la pelota dio en el palo. Esa solitaria acción era, hasta ese momento, lo más claro que había generado la Academia en el partido. Era un indicio. La expulsión de Saavedra por doble amarilla fue otra señal. Era tiempo de buscar el triunfo; de olvidar el pasado reciente y comenzar una nueva etapa. Así lo entendió Zubeldía, que movió el banco de suplentes y dejó de lado ese 4-4-1-1 híbrido que no le dio ninguna solución y terminó el partido con tres defensores y tres delanteros. 

 

En esos cambios está la génesis del triunfo. Porque los defensores visitantes sintieron el trajín de marcar de a dos (y a veces de a tres) a todos los jugadores de Racing que se atrevían a trasladar la pelota -el blanco predilecto fue Gio Moreno, al que obligaron a arrancar, muchas veces, desde atrás de la mitad de la cancha-. Y porque el equipo dirigido por Zubeldía ganó en profundidad. Viola fue punzante por derecha y el gol era cuestión de tiempo. Se veía venir. 

Se le negó al esforzado Santander en una media vuelta de zurda que dio (otra vez) en el palo. Pero Racing hizo la diferencia en un centro de Fariña que capitalizó Caballero. Para el delirio de su gente. Para la tranquilidad de sus jugadores. Para la paz de sus dirigentes. Racing dio un primer paso en el camino a su recuperación. 

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