Bandoneón y recitado: Anibal Troilo, Guitarra: Ubaldo De Lío, Grabado en 1969
Este poema tan difundido de Aníbal Troilo, lo escribió Pichuco en 1956. Pensaba estrenarlo en Radio El Mundo con su orquesta, acompañando al actor Santiago Arrieta.

Lo había ideado mientras estaba internado para una cura de sueño, a la que lo habían impelido su esposa, Zita, y el doctor Carlos Márquez, en la Clínica de este último. Todo un mes quedó internado para curarlo de sus excesos y los problemas que ya empezaban a perseguirlo. Lamentablemente, Pichuco era así... así... así..., y resultaba muy difícil controlarlo en las lungas madrugadas.

Para muchos fue una sorpresa cuando reapareció un día en público y se le dio por recitar el poema y grabarlo luego, acompañado por Ubaldo De Lío en guitarra. Ubaldo recordaba aquel día porque le dijo que se llevara a Aníbal Arias a su cuarteto con Colángelo y Del Bagno, en lugar suyo, porque él ya no podía hacerlo. Y la anécdota del cierre del disco que tenían que efectuar: "Teníamos que elegir el cierre del disco, pero el gordo ya tenía reuma en la mano derecha y no sabíamos qué poner. A mí me gustaba todo lo que hacía, hasta como hablaba, me quedaba horas escuchándolo mientras comíamos en Pippo (en la calle Montevideo). Ahí le dije:

-Gordo, ¿porqué no grabamos eso que recitás siempre del 'Carbuña de la esquina'?". Yo no recordaba el título y que era de él. El gordo recitaba bien, recuerdo que una noche fuimos con la viola a la calle Chacabuco, él, Zita y yo, a la casa de un gomía que había sido quinielero, que estaba en la cama, fusilado.
-
Sacá la viola, haceme algo en re menor, me dijo Troilo...

-Así eran nuestras noches. Un día me hizo ir con la guitarra española a la casa y ensayamos.
-
Hasta acá -dijo-, después arreglate, yo voy a recitar.

Al otro día fuimos y lo grabamos. Me quedé tranquilo porque el LP quedó grabado con la voz de Pichuco.

Nocturno a mi barrio

Mi barrio era así,
Así... así... así.
Es decir,
qué se yo si era así.
Pero yo me lo acuerdo así:
con Yacumín, el carbuña de la esquina,
que tenía las hornallas llenas de hollín
y que jugó siempre de jas izquierdo
al lado mío, siempre, siempre...
tal vez pa’estar más cerca de mi corazón.

Alguien dijo una vez
que yo me fui de mi barrio.
¿Cuándo?... ¿pero cuándo?
si siempre estoy llegando.
Y si una vez me olvidé,
las estrellas de la esquina
de la casa de mi vieja,
titilando como si fueran manos amigas
me dijeron: Gordo... Gordo,
quedate aquí... quedate aquí.

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