Mano a mano con Olé, Iván Pillud, subcapitán, sigue en éxtasis tras el histórico triunfo en el clásico. “Era el cielo o el infierno. Entregamos el alma, fue el mejor partido que viví en mi carrera”, dijo.

Entrevista Mr Goju (Montenegro)

Por: Jorge Rubén García

Cumplir sueños puede quitar el sueño. Conciliarlo fácilmente no es para cualquiera después de episodios fuertes, de pulsaciones elevadas, de situaciones estresantes. Iván Pillud, uno de los guerreros que hizo historia con la apoteótica victoria en el clásico de Avellaneda, hoy experimenta la relajación que sobreviene a la tensión. Es las 20 del lunes y el jugador más antiguo del club (casi diez años con esa camiseta) se sienta en la platea de un Cilindro oscuro en el día después de haber sido una caldera de euforia. Le costó cerrar los ojos por esas revoluciones que seguían en sus venas, aunque no se quedó en la resignación. “Era imposible dormirme. No podía. Entonces, hablé con los compañeros solteros y salimos a tomar algo a un bar. Tranquis, hasta las 4 de la mañana. Necesitábamos festejar en intimidad, sin nada desmedido”, le cuenta a Olé el futbolista más ganador de la actual Academia, con tres títulos bajo el brazo.

 

-¿Qué demostraron en el clásico?

-No recuerdo que Racing haya vivido un partido así. Habría que remontarse a 40 ó 50 años atrás. Desde que estoy en el club, hace casi 10 años, este fue el partido histórico. El único. Por todo. Por haber sido locales, por haber jugado mucho tiempo con dos menos, por haber metido un gol en esas condiciones... El marco, el nerviosismo, la ansiedad. Este triunfo fue más que un título.

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-Se vio un equipo con una entrega conmovedora. ¿Cómo lo sintieron desde adentro?

-Dejamos el corazón en la cancha. Fue el partido más emocionante que viví desde que nací. Es el más importante, el que más recordaré para siempre. Un partido emblemático. Y con una buena vibra fuerte afuera. Mirá: cuando llegué a Racing me acuerdo que desde las tribunas bajaba una mala energía que se sentía adentro... Pero la gente en los últimos años cambió la manera de ver nuestro fútbol. Se contagió de nosotros, de nuestra entrega, de un equipo que de local no pierde casi nunca.

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-¿Qué pensaste cuando se quedaron con 9?

-En el entretiempo, cuando estábamos con 10, yo sabía que lo íbamos a ganar el partido. No me preguntes por qué. Con 10 habíamos terminado jugando mejor el primer tiempo. Había mucho positivismo en el vestuario. Todos los muchachos estaban muy concentrados. Hubo una arenga muy buena además.

-¿Cómo fue?

-De Licha. Es muy especial en ese sentido. A él le cuesta decir las cosas, pero cuando las siente se nota mucho. Nos juntó donde hacemos la entrada en calor antes de salir al campo y nos marcó la realidad: "Si estamos convencidos como en el primer tiempo, pase lo que pase no vamos a perder". Cuando al minuto del segundo tiempo lo echaron a leo (Sigali), nos cambió el panorama. Sin ideas claras, tirando algunos centros, ellos tuvieron alguna chance. Yo tenía la seguridad de que no lo perdíamos. De mínimo, lo empatábamos.

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-¿En lo personal fue uno de tus mejores partidos en Racing?

-Como venía sin jugar los dos primeros, estaba preocupado hasta yo. Perdí un poco de confianza, pero no se notó, je. Me sentí muy cómodo en el primer tiempo. Debe ser porque hoy me siento con un poco más de responsabilidad. Y me gusta.

-¿A qué atribuís eso?

-El otro día lo hablaba con Guillermo Marino, ayudante de Beccacece. "Cuanto más grande más nervioso me pongo antes de los partidos", le comenté. "Puede ser te pase eso porque sos más responsable que antes", me respondió. Tal vez eso me hace estar más concentrado. No hay mal que por bien no venga. ¿Sabés qué? A Milito le pasaba lo mismo. Antes del partido con Godoy Cruz, en 2014 (cuando Racing fue campeón), me contaba en la concentración que tenía muchos más nervios que yo.

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-¿Cómo viviste desde adentro el gol de Díaz?

-Hubo una serie de rebotes. Lolo (Miranda) estuvo muy bicho en dejar pasar la pelota. Pensé que Marcelo iba a definir de primera. Cuando la paró, pareció que tardó dos horas en patear, ja. Lo hizo con una frialdad inexplicable. Dios quiso que fuera así. Esto te explica la experiencia que tenemos. A veces me duele porque muchos dicen que es un equipo de viejos. Quiero que la gente se dé cuenta de que somos una mezcla de gente joven y de experiencia. La joven te gana partidos y la otra, campeonatos.

-¿El domingo hicieron historia los viejos?

-Sí, los viejitos hicimos un poco de historia en este clásico. Un poco bastante, je.

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-Se notó mucha solidaridad entre ustedes. ¿Fue la clave para borrar a Independiente de la cancha?

-Sentimos la camiseta. Yo soy fanático de Racing. Cuando pierdo llegó a mi casa y me pongo muy mal. El domingo no paraba de abrazarme con mis compañeros. En la concentración he visto ese sentido de pertenencia. El Chelo Díaz, por ejemplo, escucha las canciones de la Guardia Imperial; se las sabe de memoria. Mena, lo mismo. Matías Rojas me vive hablando el club, de su fundación, que esto, que lo otro... Es impresionante cómo se involucraron con la camiseta. Quedo demostrado: entregamos el alma. Era el cielo o el infierno. Jugamos un clásico extraordinario. No faltó nada, ni un detalle. En el entretiempo, Javi me dijo: "Con la experiencia que tenemos, le vamos a hacer echar a algún jugador". Y él hizo expulsar a Cecilio Domínguez. Lo mismo Darío (Cvitanich). Fue impresionante lo que hicieron ellos dos. Esa viveza...

-¿Te sorprendió al actitud de Independiente?

-Independiente me descolocó. Pensé que nos íbamos a enfrentar a un equipo mucho más dinámico, más duro, que nos ejerciera otra presión. El buen funcionamiento nuestro los opacó. En actitud, huevos, experiencia, inteligencia, corazón, fútbol... Estuvimos muy por encima.

-En los últimos mercados parecía que llegaba un lateral y que perdías tu lugar, pero siempre te reivindicaste y terminaste jugando vos. ¿Cuál es el secreto?

-Algún día me voy a tener que ir... No hay mucha ciencia en esto. Es entrenar. Soy un tipo muy alegre, me presto a todas jodas y bromas. Pero entrenando soy un animal. No soy tanto de hablar, sino que que llevo las cosas a la acción. Milito y Saja eran temperamentales y muy buenos líderes. Todo el tiempo hablaban y después uno era el mejor arquero del fútbol argentino y Diego, un goleador. Yo a los chicos les digo: "Vos tenés que entrenarte como Licha, como Chelo, como Cvitanich". Eso les llega más. Onda: che, nene, vos tenés 18 años, no puede ser que Licha corra más que vos.

-¿El 9 de febrero de 2020 fue?

-Increíble. Una fecha histórica. Nunca la vamos a olvidar.

 

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