Investigación Crónica Oriel Briant recibió 37 puñaladas y 3 disparos en su rostro. El asesinato, que nunca se esclareció, conmovió a la localidad bonaerense de Brandsen.

Por Ricardo Filighera
@Rfilighera

Aurelia Catalina Briant, conocida como Oriel Briant, fue una muy bella profesora de inglés que experimentó, a partir de su casamiento con Federico Pippo, una serie de episodios vinculados con el maltrato, la violencia de género y la discriminación. Su existencia se convirtió en un verdadero martirio y su final fue horroroso, digno de un thriller con reminiscencias sobrenaturales, rituales satánicos, brujerías y apremios ilegales vinculantes de los "años de plomo". Su cuerpo fue encontrado el 13 de julio de 1984 a un costado de la Ruta 2 Km 75, debajo de una pequeña arboleda, jurisdicción de la localidad de Brandsen.

Oriel Briant fue asesinada de 37 puñaladas, varias de ellas dirigidas a los órganos sexuales, crimen cometido, según los estudios previstos, entre la medianoche del 9 de julio y las seis de la mañana del 13 de julio. Fue un verdadero calvario el que sufrió aquella mujer de 37 años. Según destacaron los médicos forenses, un odio irrefrenable se había posesionado sobre la profesora y como consecuencia de esta circunstancia se había mutilado su cara, sus senos, el vientre, sus piernas y brazos. También se había señalado como parte de esa postal pavorosa que el cuerpo mostraba tres disparos de calibre 32. El informe médico señalaba que un disparo le había partido la boca; en tanto, su dentadura aparecía parcialmente volada por la bala. El segundo disparo había penetrado en uno los glúteos, mientras que el tercero había seguido un trayecto por casi todo su cuerpo. Y como imagen macabra de todo este hecho, los peritos forenses habían establecido que el arma blanca había escarbado toda la zona púbica mientras la víctima continuaba aún con vida. En consecuencia, la vagina, el útero y los ovarios de Oriel habían sido, prácticamente, destruidos. También se descubrieron extrañas marcas de quemaduras en la piel que sugirieron, lisa y llanamente, la aplicación de una picana eléctrica: una verdadera postal macabra.

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