Wilmar pasó de ídolo y pieza irremplazable a jugador prescindible, el domingo lo sintió en carne propia y ahora está por irse al Zenit de Rusia. Algunas razones para semejante cambio.

Fue ídolo desde el primer día, cuando entró para jugar 18 minutos ante Temperley, fue al piso y las tribunas de la Bombonera se le vinieron encima. Había llegado a mediados del 2016 como una apuesta y por eso tardó más de dos meses en debutar, en tiempos de Pablo Pérez-Bentancur como doble 5. Aunque los hinchas bramaban ante cada intervención suya y reclamaban mayor continuidad, recién el año siguiente logró meterse en el equipo, a partir de las lesiones de Fernando Gago y de su compatriota Sebastián Pérez. Y no salió más. Porque se consolidó como símbolo de la garra boquense, respetando la tradición de volantes centrales de quite y marca, metedores, huevo, huevo... Sin embargo, luego de tres años en el club, a Wilmar Barrios le abrieron la puerta de salida y está muy cerca de irse al Zenit de Rusia.

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Barrios supo ser el único jugador irremplazable del ciclo de los Barros Schelotto. “Negrooo, Negrooo”, le gritaban los hinchas, cada vez que se sentían identificados con su estilo de juego bien xeneize. Para el Mundial de Rusia, cuando fue convocado por José Pekerman, todos -incluidos los dirigentes- rogaron para que se quedara hasta el final de la Libertadores y, después de coquetear un poco con la chance de seguir su carrera en Europa, le mejoraron el contrato y se quedó.

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¿Qué pasó para que semejante idolatría dejara de ser indispensable? En contraposición con Nahitan Nández, quien dejó la vida en la final de la Copa Libertadores disputada en Madrid y siguió en la cancha a pesar de sentir varias molestias, Barrios fue expulsado en el inicio del tiempo suplementario y dejó de ser intocable. Al menos para los dirigentes. “Entre uno y otro, si hay que vender, es más lógico que se elija a él”, explicaron desde el club.

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Desde que se abrió este mercado de pases, Boca siempre quiso retener a Nández y siempre creyó que Barrios se iría. A su vez, llegaron Iván Marcone y Jorman Campuzano, dos refuerzos para la misma zona del campo. Pero durante enero el escenario fue cambiando. Y a medida que la continuidad del uruguayo se volvió una realidad, el club tomó la decisión de ponerle un cartelito de venta a Wilmar.

Si faltaba algo, sucedió el domingo ante Newell’s, cuando ese jugador que fue considerado por unanimidad como irremplazable fue reeemplazado a los 12 minutos del segundo tiempo. Ese día quedó claro para el propio Barrios que ya habían decidido por él.

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