Y un día se juega la final de la Libertadores, ese partido que nadie quiere perder... Y por favor que el campeón sea Boca.

 

Juan Becerra

Por: Juan Becerra

jbecerra@ole.com.ar

¿Sabían que parece que, por fin, se va a jugar la final con más postergaciones que despedidas de Los Chalchaleros, más larga que esperanza de pobre argentino, más hablada que partido de truco, menos seria que la Conmebol, más desubicada que oso polar en el Congo y tan llena de protestas como un libro de quejas?

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"Boca cuando ataca hace goles"

Guillermo Barros Schelotto, director téccnico de Boca. Video: TyCSports.

¿Sabían que Santiago Bernabéu -nombre del estadio donde se va a jugar este partido de goma- era un ñato megamillonario que encendía los habanos con pesetas y era tan adicto al tabaco que en una de sus presidencias en el Real Madrid se llevó de vice al que se lo proveía?

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Si entramos por la tangente enciclopedista a esta columna es porque el tiempo se ha agotado. El partido ya cae sobre nosotros con la suerte que traiga y la resistencia física y mental del hincha pide una tregua. Digamos que como ocurre con cosas un millón de veces más importantes que si Boca sale o no sale campeón (¡pero por favor que salga!), lo que prescriben los especialistas de la emoción es dejar de pensar un poco en lo que se desea mucho. La pregunta es ¿cómo?

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Es cierto que las circunstancias de demencia social, institucional y política que rodearon estos días le dieron al futbol argentino su 2001. Que este clásico se juegue en el exilio es la prueba. Afortunados por la materia prima que surge de los potreros y los clubes como vetas de oro, es evidente que falta el valor agregado de la seriedad. Cosa que -dicen- le sobra a Europa, escenario de dos guerras mundiales que no lograron quitarle el sayo de cultura civilizada con el que se da corte.

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Pero en el corazón de la escena, aun en el escenario más antinatural que pudo tocarle a esta final, habrá como siempre un partido de fútbol que nadie querrá perder. No perder. He ahí el drama de la vida hecho negocio y deporte.

Los jugadores de Boca saludan a los hinchas en el hotel (REUTERS)

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