Este River-Boca es un hecho extraordinario. En los hinchas se percibe más el miedo a perder que la confianza en alcanzar la gloria.

Por: Walter Vargas

wvargas@ole.com.ar

Salgamos rápido de lo obvio, que también es lo ineludible. Lo que pasará esta tarde en el Monumental será un suceso extraordinario por donde se mire. Extraordinario por fuera de catálogo y extraordinario por majestuoso en sí mismo. Con independencia de quien resultare ganador y de la dimensión de las confituras del juego. De si se consuma un 3-2 similar al partidazo que jugaron en la Bombonera o un peleadísimo y ajustado 1-0 en el tiempo suplementario o incluso un resultado de metegol por la vía de los penales.

Las chapas para el campeón de la Libertadores.

Será inolvidable, tendrá su color, su calor, su dramatismo, su épica, su fiesta y su derrame de desazón. Será toda, absolutamente toda ganancia, salvo, desde luego, que se colara la vil lagartija de un arbitraje malo, y por malo injusto, y por un injusto escandaloso, y por escandaloso repudiable.

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Salgamos, también, de lo que salta a la vista en materia de fortalezas y debilidades. De la Bombonera salió mejor parado River y al Monumental llegará mejor parado Boca. Lo uno por la confirmación de que equipo a equipo es más el del Muñeco Gallardo y lo otro porque el que llega con el menú disponible, variado y a tope, es el Mellizo Guillermo.

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¿Qué puede pasar cuando empiece a rodar la pelotita? De todo, como en una feria americana, salvo tries, triples y tie breaks, que son cosa de otras especialidades. Pero sí llama la atención el desesperante tira y afloja de los hinchas de uno y otro, a mitad de camino, como bola sin manija entre el deseo y el pánico. Desde cierta perspectiva, parecería que en la mayoría de ellos el miedo a perder anda bastante por delante de la confianza en el triunfo. Tal vez, mucho del destino del desarrollo del partido, de sus derivas y de cuál lado de la vereda quedará la Copa dependa del reparto de presiones, de ataduras y fantasmas.

Quien con más fuerza se sacuda el freno de mano, estará más cerca de la gloria.

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