Los reclusos le construyeron una bicicleta especial ya que el muchacho era un apasionado del ciclismo antes de perder su visión. 

Por Matías Resano 
mresano@cronica.com.ar 

Por diferentes razones están privados de su libertad, pero no de su vocación solidaria. En la unidad penal de

San Nicolás

, un grupo de internos decidió poner manos a la obra para cumplirle el sueño a un joven no vidente, que los visitó para contarles su conmovedora historia.

Justamente impactados por este relato, decidieron confeccionar una bicicleta adaptada con el objetivo de que el muchacho vuelva a desarrollar una de sus pasiones, tras perder su visión: el ciclismo.

En el marco de una propuesta que apunta a la integración de los internos de la Unidad Penal N° 3, del Servicio Penitenciario, con la comunidad, Nahuel Esquivel, de 27 años, acudió al establecimiento para transmitirles su experiencia a los reclusos, los cuales no pudieron evitar no emocionarse al escucharlo, al detallarles que perdió su capacidad visual por una afección, y que a partir de ahí su vida cambió completamente.

No obstante, el joven jamás bajó los brazos y se dedicó a la música como medio de vida y subsistencia. Fue por su talento musical que lo invitó una de las docentes a cargo de los cursos educativos que se brindan en la prisión. En ese encuentro, Esquivel remarcó que antes de quedar ciego, por un desprendimiento de retina, sus grandes pasiones eran el fútbol y el ciclismo, prácticas que debió abandonar ante su impedimento, hace cinco años. Al respecto, hizo hincapié en lo mucho que le gustaba pedalear, no sólo por cuestiones físicas, sino también recreativas.

En tanto, los presentes escucharon cada palabra del músico, y les llamó poderosamente la atención su pasión por las bicicletas. Se conmovieron al advertir el tono y los gestos con los que acompañaba sus dichos referidos a la imposibilidad de dar un paseo en dos ruedas. En ese instante, por voluntad propia, un grupo de internos que forman parte de los programas "Ruedas Solidarias" y "Soluciones Tecnológicas", se comprometieron a confeccionar una bicicleta doble comando, implementando los conocimientos adquiridos en los cursos de capacitación.

Finalmente, luego de un arduo esfuerzo, le entregaron el rodado a Nahuel, quien no ocultó su felicidad, y expresó que "ya probé la bicicleta y anda muy bien. Ahora no puedo manejar, tendré que pedalear nada más y sincronizar con mi guía. Estoy súper agradecido y feliz. Es algo impagable para mí".

En agradecimiento, el beneficiario, oriundo de Ramallo, tomó su guitarra y entonó canciones folklóricas y de pop latino, que impulsó a más muestras de emoción, y también a que muchos reclusos bailen por un buen rato. Posteriormente, aprovechando la ocasión, se les entregó un diploma a cada uno de los 18 presos que participaron del proyecto, como así mismo a aquellos que integraron los cursos de fabricación de pelotas, de bolsas biodegradables y soldadura aplicada, y a quienes estudiaron los oficios de diseño gráfico y sublimación, pastelería e informática, entre otros.

Finalmente, se expusieron cinco sillas de ruedas, diez bicicletas y andadores, que fueron refaccionadas, dado que son rodados secuestrados en hechos delictivos, y que serán próximamente entregados a diferentes entidades benéficas.

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