Por sus propiedades antioxidantes y sus componentes, muchos expertos la recomiendan. Sin embargo, el debate sigue abierto por su contenido alcohólico.

Aunque no lo parezca, ya que vivimos el mes de octubre más gélido de los últimos 50 años, el calor está a la vuelta de la esquina. Porque, desde luego, eventualmente llegará. Y se sabe bien, el calor incentiva a realizar actividad física. No tanto a los que se entrenan durante todo el año, pero sí a aquellos que se inician para llegar bien al verano. Pero más allá de eso,para todos, lo más importante de entrenar con calor es la hidratación.

Y aquí se abre un debate. Sucede que el calor también estimula a beber cerveza. Es difícil resistirse, para los que gustan, de una rica cerveza bien fría cuando el calor arrecia. Por lo tanto, el dilema qué se plantea es cómo influye la cerveza en nuestra rutina de entrenamientos. ¿Debemos eliminarla o pueden coexistir?

Según un estudio realizado en 2013 por la Universidad de Granada y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ambas de España,el consumo moderado de cerveza puede favorecer una rápida y efectiva rehidratación y evitar dolores musculares tras la práctica deportiva. Para afirmar esto, lo expertos se basan en la composición de la cerveza (que contiene agua, cebada y lúpulo), las propiedades antioxidantes de sus ingredientes y su bajo contenido alcohólico (entre 4% y 5%).

Además, el estudio concluye que el consumo moderado de cerveza puede contribuir a mantener niveles más altos de glucosa plasmática y atenuar las respuestas hormonales de estrés. También revela que, tanto en su variedad tradicional como sin alcohol, tras realizar ejercicio físico en condiciones de elevada temperatura ambiental y abundante transpiración, puede permitir a recuperar las pérdidas hídricas en medidas similares al agua.

¿Pero qué contiene la cerveza?

La cerveza contiene Malta, así como agua, su principal ingrediente, y no posee grasas. Es destacable su bajo contenido en calorías así como en proteínas. Sin embargo, hay un alto contenido de micronutrientes importantes, entre los que destaca el potasio, el fósforo, y las vitaminas del complejo B.

Otros de los elementos que contiene es el gas carbónico, fundamental para su óptima conservación.

“La cerveza tiene maltodextrinas, carbohidratos de gran interés para la nutrición deportiva, corrigen la posibilidad de hipoglucemia, ya que se metabolizan lentamente liberando unidades de glucosa que pasa progresivamente a la sangre y dan lugar a concentraciones de glucosa en plasma menos elevadas y más extendidas”, consigna la fisióloga peruana, Adriana Bustamante, quien vive en Argentina desde hace años y se dedica a la recuperación de lesiones de los deportistas.

 

Voces a favor

Para Ezequiel Ramírez, Profesor de Educación Física y preparador físico de atletas profesionales, “tomar cerveza es ideal para una rehidratación rápida después de un entrenamiento completo”. “No estamos hablando de que te tomes un litro, pero sí una lata después de una maratón, por ejemplo, ayuda mucho en la recuperación. Aunque hay que fijarse bien su graduación alcohólica. No todas tienen la misma cantidad. Hasta 5% cada 100 miligramos, es lo recomendable”.

“Beber cerveza después de hacer deporte facilita la recuperación de los músculos que muestran síntomas de fatiga gracias a su efecto antioxidante”, afirma el profesor de Fisiología del Ejercicio INEFC de Medicina de la Universidad de Barcelona, Joan Ramón Barbany.

Barbany remarca que tras la actividad deportiva es recomendable el consumo de cerveza, con o sin alcohol, aunque siempre de forma moderada. “La cerveza, gracias a sus componentes, tiene efectos antioxidantes mientras que las evidencias más actuales sitúan el origen de las molestias en un proceso oxidativo muy importante de la fibra muscular, un proceso que se contrarresta con el consumo de cerveza”.

Según Emma Ruiz, directora de Proyectos de la Fundación Española de Nutrición (FEN), “cada vez en España se tiende más a no prohibir el poder beber cerveza como bebida de recuperación después de una actividad física. La cerveza en un 98 por ciento es agua, que es lo que necesita el deportista en la recuperación, y además incluye otra serie de nutrientes que favorecen esa recuperación”.

La graduación alcohólica

Según los investigadores, la posibilidad de padecer una enfermedad cardiovascular en personas que no beben cerveza es mayor a la de cualquier persona de consumo moderado.

En ese sentido, “el alcohol se liga a un receptor que es el mismo al que se ligan las sustancias que nos tranquilizan, como los barbitúricos, y este efecto relajante, que nos permite hacer frente a la situación de estrés, es favorable para la salud”, agrega Ruiz.

En la Argentina, las cervezas poseen una graduación alcohólica entre 0,05 y 6% cada 100 miligramos. Las cervezas light tiene el 3,3% y la variedad sin alcohol es del 0,05%.

Veamos por marca, según el sitio Cervezas Argentinas
- Quilmes 4,5 % 
- Schneider 4,7% 
- Iguana 4.9% 
- Budweiser 4.9% 
- Stella Artois 5% 
- Brahma 5,2%
- Guinnes 6%

Voces en contra

“La cerveza no es un buen reconstituyente después de los entrenamientos, ya que se trata de una bebida alcohólica que afecta a nuestro organismo e impide que llevemos a cabo un rendimiento óptimo. Pero no solamente afecta al rendimiento, sino que retrasa la recuperación de los músculos después de entrenar”, sostiene el Doctor Pedro Manonelles, de la Federación española de Medicina del Deporte.

“Por muy pequeña que sea la cantidad ingerida de alcohol puede verse afectado nuestro organismo en gran medida e influir enormemente en el rendimiento que vamos a tener a la hora de entrenar. A partir de 0,2 gramos de alcohol en sangre nuestras funciones neuromotoras se ven afectadas influyendo directamente en el desarrollo de nuestros ejercicios y en la forma que vamos a tener de llevarlos a cabo”, agregó Manonelles.

“El efecto exacto del alcohol en el organismo es una euforia y aumento de fuerza momentánea derivada del exceso de azúcares que introducimos en el organismo, pero que enseguida se desvanece y se convierte en un estado casi depresivo que afecta directamente a nuestro rendimiento motor. A esto hay que sumar el efecto diurético que el alcohol tiene y que puede ayudar a la deshidratación que ya sufre de por sí el cuerpo cuando entrenamos, pues la sudoración es alta”, añade.

“Es importante que tengamos esto en cuenta y no utilicemos la cerveza como el mejor recuperador que existe. Podemos echar mano de variedades sin alcohol o de otro tipo de alimentos como la levadura de cerveza que ayudarán a reponernos después de un entrenamiento sin afectar nuestras funciones motrices”, cerró Manonolles.

Fuente:  Rafael Roa

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