El caso de Joaquín Furriel reabrió el debate. Las causas: la poca movilidad, la presurización y la posible deshidratación.

Por: Valeria Román Un viaje en avión mayor a 6 horas es un factor de riesgo para el desarrollo de un ataque cerebrovascular (ACV). No es el único factor, pero muchas horas de encierro en la cabina, con pocas caminatas, puede contribuir a la formación de coágulos de sangre en las piernas que pueden circular hasta el cerebro o al desgarro de la pared de la arteria cerebral, advierten especialistas médicos de la Asociación Cerebrovascular Argentina y otras entidades consultadas por Clarín. El actor Joaquín Furriel, de 41 años, se sintió mareado el lunes al bajar del avión, tras un viaje al exterior, y luego se desmayó. Sufrió un ACV isquémico (por la formación de un coágulo que tapona en el cerebro), pero ayer fue dado de alta en el Sanatorio de Los Arcos, en Capital. Si bien no se aclaró oficialmente cuál podría haber sido la causa del ACV, el viaje en avión es uno de los factores de riesgo en personas jóvenes. Otros factores son la hipertensión, el consumo de tabaco y drogas de abuso. Hoy es el Día Mundial del ACV. “Al pasar muchas horas en un avión, se puede producir coágulos en las piernas, que se conocen como trombosis en las venas, porque la persona está apretada en el asiento y se mueve poco. En algunos casos, el coágulo puede llegar a circular hasta el cerebro y producir un ACV”, explicó a Clarín Sebastián Ameriso, jefe de la sección de Neurología Vascular de FLENI. Otras situaciones, en personas con problemas de coagulación de la sangre, son la formación de coágulos en las venas del cerebro y la disección arterial, que consiste en un desgarro de la pared arterial, por una mala posición del cerebro. “Esas situaciones también pueden desencadenar un ACV”, advirtió. En tanto, Conrado Estol, presidente de la Asociación Cerebrovascular Argentina, informó: “En un viaje de avión se combinan largas horas sin movimiento, agravado porque algunas personas toman pastillas para dormir (los hace moverse menos), consumen alcohol (que causa deshidratación), y toman poca agua (más deshidratación). Además, hay que considerar que la presurización de la cabina a 2.000 metros de altura que también deshidrata. Todo esto favorece la formación de pequeños coágulos en las piernas que pueden llegar al cerebro si la persona tiene abierto un orificio en el corazón que en la mayoría de la gente se cierra al nacer”. Una de cada 4 personas tiene ese orificio abierto, que permite que los coágulos formados en las venas (en el lado derecho del corazón) pasen al lado izquierdo del corazón, que está conectado con el cerebro. Cuando los coágulos suben al cerebro, pueden tapar una arteria y causar un infarto (ACV). Cuando se forma el coágulo en las piernas solamente, se habla del síndrome de la “clase turista” (aunque también puede darse en viajeros de las categoría más caras). En mayor riesgo de sufrirlo, se encuentran las personas de más de 40 años, las que toman anticonceptivos orales, las que tienen obesidad, enfermedad varicosa, insuficiencia cardíaca, embarazo o son fumadoras, o que tienen antecedentes de trombosis o predisposición familiar a la trombosis. “Si hay antecedentes de trombosis –aconsejó el especialista en ACV, Pedro Lylyk–, las personas tienen que aplicarse heparina en forma subcutánea tres horas antes de hacer viajes mayores a 6 horas y deben usar medias de compresión intermedia: para que no se formen coágulos”.

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