Chapecoense le ganó por 2-1 con goles de Bruno Rangel; Sánchez, de cabeza, anotó para el equipo de Gallardo, que pasó por diferencia de gol tras imponerse 3-1 en la ida

CHAPECÓ, Brasil.- La clasificación a las semifinales y nada más. Eso, que es mucho si se mira el resultado, pero demasiado poco si se analiza el juego, conquistó River en su visita a Chapecoense, que se impuso 2-1 y lo tuvo contra las cuerdas. El Arena Condá se encendió a fuego lento y el estadio terminó siendo una caldera, porque el modesto conjunto de Santa Catarina redujo al campeón vigente de la Copa Sudamericana, al multicampeón de América. El gol de Sánchez, las manos salvadoras de Barovero y el travesaño rescataron a los millonarios, deslucidos, en una versión irreconocible y con rendimientos individuales preocupantes. El juego de River fue muy pobre. Le faltó profundidad y volvió a encontrar en Sánchez y Pisculichi, dos de futuro incierto, los mejores actores para una de las peores obras. Porque de mitad de cancha para atrás las soluciones no aparecen. Álvarez Balanta tuvo una actuación descolorida, con errores groseros en el juego aéreo. Tanto que tuvo culpa en los goles de Chapecoense. Tanto que Mammana lo reemplazó en el segundo tiempo. La única a favor: el árbitro Bascuñán le salvó el pellejo al no cobrar una falta del colombiano, que le habría costado la expulsión. Pero no fue el único culpable de una noche desastrosa. A Mercado le costó cuando lo atacaron y hasta Maidana, el hombre más confiable de la defensa, entró en esa espiral de errores. Casco, por el que en algún momento River peleó con Boca, todavía no se encuentra, como si la adaptación le costase más de lo previsto. Chapecoense no tuvo un libreto demasiado elaborado, pero sí hizo simple la búsqueda: con pelotazos largos se las ingenió para inquietar una y otra vez a Barovero. Además de los problemas en el fondo, a este River le falta poder ofensivo. Ayer jugó sólo con Mora de punta, aunque el uruguayo suele salir del área para moverse por los costados. Así, el eje del ataque no tenía referencias y quienes debían acompañarlo -Driussi, Lucho González y Viudez- faltaron sin aviso a la cita. Lo extraño: cuando el equipo entendió que atacando podía hacer daño, lo logró. En la primera llegada profunda, Sánchez, en la última jugada del primer tiempo, conectó un pase ajustado de Pisculichi. Pero lo que se insinuaba como un alivio duró apenas un suspiro. El relanzamiento enseñó los mismos vicios, como si lo que Gallardo intentó corregir en el vestuario, durante el entretiempo, hubiera caído en saco roto. Bruno Rangel, el verdugo de turno, alimentó los fantasmas al empujar al gol, debajo del arco. Entonces quedó solo espacio para resistir, sin ideas ni diques de contención. Barovero hizo su parte y, cuando el arquero asomó vencido, el travesaño ayudó al equipo extraviado para seguir avanzando. Eso fue lo único para rescatar. Porque estuvo a tiro de ser eliminado en Quito, cuando caía 1-0 y Liga desperdició un penal; y anoche fue una clasificación casi fortuita, a puro sufrimiento. Con muchas deudas en su juego, River proyectó defender la Copa Sudamericana. En las dos series que disputó no dejó la mejor imagen. Deberá mejorar, y mucho, si quiere volver a levantar el trofeo. Mucho más si pretende soñar con pelear el Mundial de Clubes a fin de año. "No me voy contento porque sufrimos más de la cuenta. Con un poco más de tranquilidad podíamos lastimar, pero el rival nos complicó bastante. Ellos tenían mucha gente alta y supieron aprovechar sus momentos. Sirve pasar, pero tenemos que mejorar mucho. Nuestra ilusión es repetir el campeonato. Estamos a dos pasitos y no hay que aflojar" (Carlos Sánchez)

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