A las 13, el seleccionado se medirá ante Australia por las semifinales, con la identificación de un estilo de juego reconocible, fresco y efectivo, que emociona y contagia

LONDRES.- Una semifinal de una Copa del Mundo. Compartiendo cartel con los tres seleccionados que hasta ahora se quedaron con todos los títulos menos uno. Suena increíble y verdaderamente lo es. Los Pumas jugarán hoy, en la Catedral del rugby, un partido que es un pedazo grande de su rica historia. Este test ante los Wallabies tiene un sabor especial a otros momentos de gloria, incluso a la semifinal de 2007 frente a los Springboks, en el Stade de France de París. Porque estos Pumas no tienen techo. Pueden llegar a tenerlo en el partido de esta tarde, porque el rival es de máxima calidad, pero aquí ya plantaron bandera con dos galones: el estilo de juego, fresco y efectivo, que emociona y contagia, y un grupo de jugadores que tiene cuerda para rato. La situación es, ante todo, de alta emoción para el rugby argentino y para todos los que se han sumado en estos últimos días, no sólo empujados por los triunfos, sino por sentirse identificados por una manera de jugar. Eso ya está, más allá del resultado de hoy; ya quedó. Los Pumas han sostenido una idea de juego que tiene como virtud esencial no haber anulado lo que ya traía la historia misma. Por eso, hoy no saldrán a ver qué pasa: irán a buscarlos a los Wallabies. No alocadamente, sino como se debe. Después, como siempre, porque esto es deporte, la cuestión se dirimirá en el verde césped. El partido de hoy, a las 13 de la Argentina, no tiene similitudes de juego con otros anteriores. Ni siquiera con la semifinal de 2007. A esa sólo se le parece en el título y en el contagio que generó en la gente. Juan Fernández Lobbe fue certero a la hora de las comparaciones: "En 2007 llegamos con muy pocos enfrentamientos con los Springboks. No sabíamos muy bien cómo jugarles. Ahora, llegamos a éste partido después de haber jugado 7 veces con los Wallabies en los últimos cuatro años". El roce del Rugby Championship fue fundamental, especialmente para los jugadores que se quedaron en la Argentina y en los más jóvenes. En 2007, varios de los jugadores se habían conformado con llegar a las semifinales. Hubo un relax determinante después de vencer a Escocia en los cuartos de final. Agustín Pichot lo contó en su libro como la razón fundamental por la que no le pudieron ganar a los Springboks. Ahora, Agustín Creevy fue tan certero como Fernández Lobbe: "Todavía no cumplimos nuestro objetivo, que es salir campeones del mundo". Tampoco este partido se parecerá al del domingo anterior. Australia es superior a Irlanda, pero además juega absolutamente de otra manera. Más parecido a lo que juegan los Pumas, aunque no igual, como aclaró Daniel Hourcade. Los europeos atacan frontalmente, mientras que los Wallabies usan todo el ancho de la cancha. Los Pumas deberán ir a presionarlos bien arriba y tener una excelente organización defensiva, que barra hacia los costados. En ese rubro, la vuelta de Marcelo Bosch es un valor agregado. Otro punto especial del test de hoy en Twickenham será el scrum. Los jugadores argentinos saben que Mario Ledesma mejoró sustancialmente el fijo australiano y que conoce el sistema y las mañas de los Pumas, pero han decidido pasarle el peso de la situación a él. Ninguno mostró preocupación por el tema. Respeto sí, claro, pero tanto como la confianza en que el pack argentino establezca diferencias. El que gane esa batalla tendrá una porción del partido adentro. Técnica y psicológicamente. Es imperioso que el fijo de los Pumas sea el mejor de todas las tardes que tuvo el torneo. Es el día para sacar a relucir esa bandera histórica. Los Wallabies son, en la teoría, favoritos. No hay que engañarse por toda la euforia que hay alrededor de esta semifinal. Tiene jugadores desequilibrantes y dos rugbiers demoledores en la zona del breakdown: Michael Hooper y David Pocock. Son, seguramente, los mejores del mundo ahí. Pero los australianos también son inestables y cuando se los saca de su ritmo, ofrecen espacios para doblegarlos. Se trata de un partido histórico. Para disfrutarlo. Los Pumas llevan las banderas del rugby argentino. Todos sus jugadores aprendieron los valores de este deporte y las destrezas en sus clubes, la savia de todo. Después, claro, se perfeccionaron en el Plar o en Europa. Hoy, ellos representarán a todos. A los de 1910, a los del 50, a los del 65, a los de los 80, a los de los 90, a los de Bronce. En un imaginario, esta tarde estarán los que vistieron la celeste y blanca a rayas horizontales en las tribunas de Twickenham. Empujando a ese equipo que tacklea, que va para adelante, que hace tries, que se divierte y que emociona. A ese equipo que no tiene techo. Eso es esta semifinal.ß.

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