Miguel abre la puerta de su casa con cara de sueño. “Me quedé dormido”, dice. Tiene 23 años. “Pasá, pasá... Sentate acá que me voy a arreglar un poco”, repite mientras atravesamos un pasillo y vamos llegando al comedor de la casa.

El lugar es pequeño. No entra ni un alfiler. Hay latas de bombones vacías, flores de plástico, tazas, dos viejos equipos de música, papeles y fotos borrosas colgadas en las paredes. La mesa del comedor está pegada a una puerta. Afuera el día está hermoso, soleado, pero acá adentro está fresco. Huele a humedad, a encierro. 

Miguel aparece minutos después, ya peinado y con otra remera. Cuenta que desde hace unos meses, cuando volvió de su tratamiento para rehabilitarse de su adicción, duerme en un módulo habitacional. Su mamá consiguió que el Estado lo construya en el fondo de la vivienda, ubicada en el barrio Juan Pablo II (más conocido como “El Sifón”). El joven muestra un portarretratos. “Este era yo”, dice. Era un chico flaco, de sonrisa amplia y mirada pícara. Era un adolescente que cursaba el primer año de la secundaria cuando conoció la droga. Fue en el barrio. Una tarde cualquiera, cuando él y sus amigos mataban el tiempo deambulando frente al hospital Obarrio. Después vino toda la pesadilla: dejó la escuela, se unió a los “transas” y hasta intentó matarse, resume.

“Esto es una cosa que nunca, nunca voy a superar”, repite con absoluta convicción. No va a superarlo -dice llorando- porque muchos de sus amigos quedaron en el camino (se suicidaron). Tiene la mirada perdida y los ojos hinchados. Y está preocupado. Quiere ayudar -aunque no sabe cómo- porque cada vez hay más jóvenes de su barrio comprometidos con las drogas.

Nueva pesadilla

Aunque el consumo de “paco”, la basura que se obtiene en la elaboración del clorhidrato de cocaína, sigue siendo lo que más circula, apareció otra sustancia igual de tóxica y peligrosa que también está perforando la vida de los adolescentes en los distintos barrios: la “alita de mosca”. 

Miguel cuenta que esta sustancia “fue agregada por los ‘transas’ al ‘paco’ para tener soldaditos más rendidos a sus pies”. “Es muy, muy adictiva, -resalta. Una mínima dosis te puede dejar al borde de la muerte. Con el tiempo cada vez consumís más”. 

Lo grave es lo que causa. “Te genera la sensación de que debajo de la piel hay miles y millones de insectos recorriendo tu cuerpo. Es desesperante. Empezás a cortarte entero para que salgan”, describe. Ese fue el síntoma que encendió la alarma entre las madres de adictos y algunos profesionales de la salud que recibían cada vez más de estos casos en las guardias hospitalarias. 

Cuenta Irma Monroy, una de las referentes del barrio “El Sifón”, que esta sustancia es relativamente nueva y les produce “locuras” a los jóvenes consumidores, los hace tener visiones absurdas. “Es una droga mucho más cara que el ‘paco’. Y los chicos se desesperan para comprarla”, relata. La diferencia de precio es bastante importante: mientras que la dosis de la basura de la cocaína se consigue por $ 10 o $ 15, para obtener “alita de mosca” deben pagar $ 50 o más.

“Esto es muy nuevo, nos sorprendió mucho cuando comenzó a aparecer en los relatos de los chicos. No sabemos qué es ni su composición química”, añade.

De acuerdo con las experiencias de las familias afectadas, la sustancia genera consecuencias dañinas inmediatas en el organismo de los consumidores. “El deterioro es automático. Es impresionante el impacto en la piel de los chicos”, destacan las mamás. 

La “alita de mosca”, según el testimonio de las madres de barrios vulnerables, comenzó a visibilizarse de la mano de los “transas” (vendedores de droga). Estos la introdujeron al mercado como estrategia para sumar “soldaditos” a su negocio. La cosa es más o menos así, según explican: los narcos reclutan adolescentes consumidores desde los 12 años para formar una red de vigilancia y venta de bajos costos económico y penal (como son menores, los liberan rápido). A cambio les dan algunas dosis para que consuman. “Los jueves les regalan ‘alita de mosca’ para que trabajen el fin de semana. Es como el incentivo, el premio mayor”, cuentan.

“Ellos, los chicos consumidores, los tienen como ídolos a los narcos. Mi hijo directamente se fue a vivir con los ‘transas’, hasta dio la cara por ellos ante la Policía, y ahora está preso”, se angustia Roxana, otra de las mamás del grupo de “El Sifón”. 

¿Qué es esta sustancia?

La Policía ya ha secuestrado “alita de mosca” en procedimientos realizados en la provincia. Uno de los operativos fue precisamente en “El Sifón”, hace un año. Efectivos y expertos consultados advierten que esta sustancia no está circulando tanto como se cree en los barrios tucumanos. No obstante, reconocen como preocupante que se haya sumado a la lista de drogas a las que acceden los jóvenes.

La toxicóloga Susana Ponce de León sugiere que hay una confusión sobre qué es “alita de mosca”. En muchos casos se denomina así a distintas mutaciones del “paco” con el objetivo de engañar a los consumidores, opina.

La “alita de mosca” es cocaína refinada de altísima pureza con el agregado de fenacetina, aclararon Ponce León y Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de Argentina. 

“Tanto el ‘paco’ como la ‘alita de mosca’ son derivados de la cocaína y los dos son altísimamente tóxicos por las sustancias que les agregan cuando los preparan. Mientras que el ‘paco’ es la basura de la cocaína, la ‘alita de mosca’ es mucho más pura. El agregado de fenacetina es la que le da un aspecto transparente, similar al ala de un insecto”, precisa Ponce de León.

El consumo desmedido de “alitas de mosca” provoca trastornos a nivel físico y cerebral, comenta la experta. Su ingesta acarrea fuertes dolores musculares y severos daños a nivel hepático. Al consumirla se lesionan los glóbulos rojos provocando falta de oxígeno, por lo que pueden sobrevenir depresión respiratoria y paros cardíacos. 

En las calles todos hablan de ella. ¿La “alita de mosca” llegó para quedarse? La duda se multiplica y siembra temor. Por ahora, nadie tiene respuestas. La única certeza, advierte Claudio Izaguirre, es que el mercado de producción de drogas se extiende, especialmente en los sectores más vulnerables, donde no hay centros de atención, donde las familias están absolutamente desamparadas. Donde las consecuencias siempre son dolorosas.

La terrible sensación de tener bichos bajo la piel

Algunos sospechan que fue traída al país hace algunos años por personas de origen peruano que pertenecen al movimiento ilegal conocido como Sendero Luminoso. Sin embargo, en los últimos procedimientos ya quedó en claro que la “alita de mosca” se elabora en nuestro país, comenta Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de Argentina. 

“Sale de las mismas cocinas en las que se elabora la cocaína. Lo primero que se obtiene en ese proceso no es el polvo sino las escamas transparentes que se asemejan al ala de una mosca en tamaño y estructura, aunque el brillo nacarado es responsabilidad de otro elemento conocido como fenacetina”, explica.

“En nuestra provincia ya encontramos esta nueva forma de consumo de la cocaína, llamada ‘alita de mosca’ está bastante generalizada”, advierte el toxicólogo Alfredo Córdoba. “Vemos que los daños que produce en los consumidores esta sustancia se pueden igualar a los del ‘paco’ en muchos aspectos. Los efectos son insufribles: el adicto debe consumir más y más”, advierte el experto. Señala que esta sustancia, al tener altísimas concentraciones de cocaína, viaja rápidamente hasta el sistema nervioso central. Entre otros efectos, se destaca en la persona que lo consuma la sensación de estar siendo invadido por bichos dentro de la piel. Por eso, es común ver a los adictos con cortes en el cuerpo.

Agrega que a diferencia del paco, que generalmente se consume sólo en barrios muy vulnerables, la “alita de mosca” está en todas partes. “Se la consigue cerca de los estadios de fútbol, de los boliches, por ejemplo. Es fundamental crear un observatorio de drogas en la provincia para saber cómo atacar la problemática en cada caso”, sugiere Córdoba. 

“Alita de mosca”, en detalle 

- Es una sustancia muy refinada, que se fabrica principalmente en Perú. A raíz de su alta pureza (cerca del 80 %) presenta un aspecto translúcido y se asemeja a las alas del insecto. 

- En su elaboración se le agrega fenacetina, que es un analgésico prohibido en el mercado porque es muy tóxico. 

- Tiene efectos devastadores en quienes la consumen: produce fuertes dolores musculares, daños hepáticos y neuronales.

- Los riesgos de sobredosis son altísimos. 

- Una ingesta mínima lesiona los glóbulos rojos provocando falta de oxígeno, por lo que puede provocar depresión respiratoria y paro cardíaco.
 


Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/658411/sociedad/alita-mosca-efecto-devastador-se-suma-drogas-ya-circulan-barrios.html -

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