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En la obediencia le fue mal y en la desobediencia, peor. Ella transita por una “autopista”, como lo hizo saber en su cadena número 43, mientras Paco Pérez sigue “en el camino de ripio”, contando las monedas para pagar los sueldos de los empleados públicos (a destiempo).

Cristina dice que cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia “agarró la carreta con manos firmes, y, gracias al proyecto nacional, popular y democrático”, logró la transformación de la que hoy disfrutan los argentinos.

Mendoza, como contracara, se quedó a la orilla de esa vía rápida y asfaltada a pesar de tener un gobernador que alguna vez se autodefinió como “soldado” de la mandataria.

La relación de Cristina y Paco termina en la ruina. La primera lo desconoce y el segundo patalea atrapado en un laberinto cuyas paredes empezaron a levantarse en enero, cuando anunció el desdoblamiento de las elecciones provinciales y comunales de la Nación. 

Los muros crecieron varios metros durante el cierre de las listas del PJ, a las que no incorporaron miembros de La Cámpora, y devinieron en infranqueables tras el despido de la Casa Rosada del histórico operador menduco Juan Carlos Chueco Mazzón, quien luego falleció. 

Como si fueran actores de telenovela, el fin del romance quedó al descubierto durante un acto público con epicentro en Lavalle.

Fue en marzo, cuando por videoconferencia la Presidenta arrojó el peso de su bronca: a pesar de que lo enfocaban las cámaras, nunca saludó al gobernador. Tampoco lo mencionó y sólo le dio paso a sus funcionarios para que explicaran la inversión que se estaba presentando. 

El gesto rozó la mala educación e hizo acordar al destrato que sufrió su antecesor, Celso Jaque, un kirchnerista de la primera hora, quien en 2011, cuando se venía el recambio de gobierno, tuvo que viajar a Buenos Aires para que le dictaran los candidatos. En los pasillos esperó de pie durante varias horas, sin que siquiera le convidaran agua. Tras ser atendido, se volvió a Mendoza con una grilla en la que su nombre ni asomaba. 

El resto es historia conocida. El pasado 21 junio el peronismo perdió el Ejecutivo, varias comunas –algunas son claves, como Las Heras y Guaymallén– y cedió poder en la Legislatura, todo en beneficio del Frente Cambiemos, con el radical Alfredo Cornejo a la cabeza.

En las listas para el Congreso sí hay pollos K. Pero no alcanza. No quedan ni vestigios del amor. Tan dramático es este epílogo que la semana pasada Pérez terminó solo y de rodillas negociando antes las autoridades del Banco Nación, que a cuentagotas soltaron fondos que le permitieron ir cancelando los haberes de los agentes estatales, con demora.

Para superar la ruptura Francisco Pérez tampoco cuenta con aliados y mucho menos con amigos en el partido. Sus intendentes, esos que presionaron para que se efectuara el adelantamiento del cronograma electoral, le han hecho un gran vacío. El poco diálogo al que se prestan es por conveniencia de ellos. Disimulan la furia lo más que pueden porque también su estabilidad depende del envío de los fondos coparticipables. 

Cornejo espera agazapado tras bambalinas. Cuando caiga el telón, a él le tocará lidiar con los despojos de esta guerra.

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