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Despierta cierta envidia. Es enólogo jefe de una de las mejores bodegas del país, cada cosa que emprende se transforma en un éxito y, a la vez, es desestructurado y disfruta de las cosas simples de la vida.

Alejandro Vigil es, desde el viernes a la noche, uno de los embajadores de la Marca Argentina, reconocimiento que le entregó el Ministerio de Turismo de la Nación. Su propia línea de vinos y restorán exclusivo Casa El Enemigo recibió la misma distinción.

Una idea lo resume. Sostiene que después de tanto estudio, de tanto trabajo, de tanta combinación de sinfonías todo se reduce a un “me gusta o no me gusta” de quien toma el vino. Y más: sostiene que disfruta perfectamente tomar ese vino en un vaso de vidrio, grueso y tosco. Todo el resto termina siendo un adorno.

“Yo todo esto lo vivo como un reconocimiento a la actividad. A alguno le iba a tocar esta distinción. No me la  dieron por ser el mejor, sino por trabajar en esto”, contó Vigil un rato antes de que lo designaran oficialmente embajador de la Marca País.

Podría pensarse que lo eligieron por tener sintonía con el Gobierno, pero no es tan así. Si bien tiene una buena relación con algunos funcionarios provinciales, posee una mirada crítica de la actualidad. “La coyuntura económica es muy mala. Las economías regionales están muy castigadas y el presente no es bueno”, dijo.

Sostuvo que este momento, con sus 42 años, lo encuentra “reflexivo, con mil proyecto, pensando en el futuro, trabajo en Catena y trato de que la calidad siga subiendo”.

Alejandro Vigil se graduó como ingeniero agrónomo en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo. Allí realizó una master en Enología y Riego y luego un curso maestría en Definición de Microclimas y su incidencia en el vino.

Comenzó su carrera profesional en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), sobresaliendo por su talento, que a los 28 años lo llevó a ocupar el cargo de jefe del Departamento de Análisis de Suelos.

Inició sus actividades en Catena Zapata en el año 2002 como director de Investigación y Desarrollo. A principios del 2003 se incorporó al departamento de enología como responsable de las líneas top de la bodega.

En el sitio oficial de Catena Zapata se dice que “su sólida formación científica y académica condujo a importantes avances en nuestros viñedos y procesos de vinificación. Poco a poco, los resultados de sus investigaciones fueron incorporándose a las tareas de la bodega con excelentes logros, por lo cual en julio de 2007 obtuvo el cargo de enólogo jefe. De espíritu ávido e incansable, Alejandro se esfuerza constantemente por canalizar su energía creativa, desafiando los límites de la viticultura y enología tradicional. Ha llevado a cabo innumerables ensayos y experimentos en su afán por incrementar sus conocimientos acerca del carácter único del terroir de las zonas altas del desierto mendocino”. 

Se han sumado varios factores para que Vigil sea lo que es y su nombre sea conocido y reconocido en el país y en parte del mundo: su apellido, el prestigio de la bodega para la que trabaja, su obsesión por lo que hace y el tiempo diario que le dedica, su carácter afable y desestructurado. Todo eso le ha granjeado decenas de notas en los medios y la admiración de los famosos, que van desde el Indio Solario hasta Tinelli, desde Bono hasta Tommy Lee Jones.

“Soy un habitual consumidor de vino, de lo más común, como cualquier persona. Lo que te gusta a vos me va a gustar a mí. Desde ese lugar defino al vino y no desde el lugar del laburador del vino. Yo hago un vino que me gusta y como soy de lo más común de los bebedores de vino le gusta a mucha gente. Creo en la posibilidad de poder beber cuatro o cinco copas sin cansarse y que cada una de las veces que levantás tu copa te dé algo distinto. Los llaman vinos de sed. Tomás y te dan ganas de tomar otra vez, y te da la posibilidad de encontrar otra cosa en cada sorbo”, contó hace un tiempo.

Se define como un viticultor más que un enólogo. Con eso resume todo. Algunos lo llaman “el Messi del vino”, pero él sostiene (un poco en broma y otro poco en serio) que es “el Dani Garnero”, porque cree más en la elaboración que en el gol. Afirma que su concepto de la vida y de su trabajo es “riquelmista”.

Sostiene que el maridaje es importante, pero no esencial y que haya contradicciones también es una experiencia interesante. Básicamente, podría decirse que Vigil entiende que hay que saber y después hacer lo que cada uno sienta. “La enología se estudia, pero hacer vino se siente”, definió.

Tiene dos hijos, Juan Cruz y María Giuliana. María es su compañera desde los años de facultad. 

Empezó recorriendo los viñedos de su abuelo Tristán, en San Juan, y lo siguió haciendo toda la vida. Cree que la primera vez que tomó vino fue durante alguna siesta, de niño, cuando aprovechó los culitos que habían quedado en los vasos. O quizás puede haber sido un vino con soda, para apagar la sed.

Sostiene que, más allá de todo, el vino debe dar placer. “El placer te lo puede dar porque te gustan muchísimo los sabores, porque ese vino te recuerda algo y te lleva a un momento hermoso o porque la cantidad del alcohol te abre el corazón de otra forma”.

No le gustan las reglas. Dice que hay que explorar. Que siempre se pregunta “¿por qué?”, que no está bien encorsetarse. 

Y que todo cambia y que hay que animarse a experimentar, porque es la única forma de evolucionar. Que el enólogo no debe ser más importante que el lugar de donde viene la uva. Que hay que tratarla con respeto, dejando que conserve su identidad.

Saber todo y después permitirse empezar de nuevo. Eso, en esencia.
 
 

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