CARDIFF, Gales.- Ya se sabe qué pasará si los Pumas ganan el partido de pasado mañana ante Irlanda. Habrán conseguido la gloria de llegar nuevamente, como en 2007, hasta las semifinales y hasta el último fin de semana de la Copa del Mundo.

Se escribirán cientos de líneas al respecto y los jugadores aparecerán en cuanto medio periodístico exista, transformándose, de un día para el otro en personajes públicos. ¿Y si pierden? Quedará el gusto amargo de no haber podido concretar el sueño de todo el plantel y de no haber dado un salto más a un fixture que esta vez asomó como más factible. Pero lo cierto es que, más allá de ese resultado en el Millennium, los Pumas ya ganaron. Puede parecer una sentencia ligera, pero el contexto siempre es más importante que el resultado. El seleccionado argentino de rugby ha consolidado en esta Copa del Mundo dos cuestiones primordiales con vistas al futuro: un esquema de juego y un grupo de jugadores con un promedio de 23 años que ya posee competencia internacional y que puede ser temible no sólo en el próximo torneo, en Japón 2019, sino donde se ponga en juego la Copa Williams Webb Ellis en 2023. En estos cuatro partidos, frente a los supremos All Blacks y ante rivales de menor jerarquía como lo fueron Georgia, Tonga y Namibia, los Pumas dieron la categoría internacional, y eso es un gran avance. Es cierto que el equipo todavía no pudo jugar 80 minutos al mismo ritmo y que en cada test mostró alguna falencia, pero la idea y la base de jugadores auguran un enorme futuro. Cercano, el domingo con Irlanda, o lejano, en la próxima Copa del Mundo. Pablo Matera, Santiago Cordero, Facundo Isa, Tomás Lavanini, Guido Petti, Julián Montoya, Lucas Noguera Paz, Matías Moroni y Jerónimo De la Fuente tienen entre todos un promedio de 23 años y aquí han jugado como si tuviesen años en los Pumas. Con ellos seguirán, con edad de llegar al próximo Mundial, Nicolás Sánchez, Tomás Cubelli, Martín Landajo, Javier Ortega Desio y Joaquín Tuculet, de los que ya están contratados por la UAR para disputar el Súper Rugby. Y en la Argentina esperan, por ejemplo, dos que tranquilamente podrían haber estado en Inglaterra: Manuel Montero y Tomás Lezana. El sistema de juego, aún en etapa de formación, también es un triunfo que ya han logrado los Pumas en este Mundial. Se juega a algo y se juega bien, y por momentos, muy bien. Si a eso se le agrega la pasión con la que se juega al rugby en la Argentina, su historia y la cantidad de jugadores de gran calidad que nacen todos los años, se puede afirmar que el futuro es muy prometedor. Si para dar un veredicto serio y sin intereses de lo que podía pasar en el Rugby Championship había que esperar unos años -lo mismo ocurrirá con el Super Rugby-, con los Pumas también es necesario ese contexto. Quizás el equipo explote en el momento más esperado, que es estos cuartos de final que se vienen, pero si no lo hace ahora, lo hará más adelante. La gran noticia para los Pumas es que lo mejor puede venir después de esta Copa del Mundo.

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