Si paras a una persona aleatoriamente por la calle y le preguntas que cuál cree que es la actividad delictiva más rentable, o la que más dinero mueve, posiblemente te responda que aquellas relacionadas con el narcotráfico.FELIZ DÍA DEL ABOGADO. En el interior de la nota puedes ver 10 máximas jocosas de la profesión, desde ya pedimos disculpas a aquellos/as profesionales susceptibles del ejercicio de la actividad profesional.

DIEZ (10) MAXIMAS PARA UN ABOGADO....HOY EN SU DIA..... (DE PASO.....FELIZ DIA)
1 • El Abogado es como una prostituta, primero le pagas antes que te dé su servico, y luego tienes que rogarles para que se muevan.
2 • Seras lo que debas ser y si no seras abogado.
3 • El abogado es el diplomático de la mentira.
4 • Un abogado es la persona que cuando dos se están peleando por una vaca, y tomando uno de la cola y el otro de los cuernos, los anima mientras él la ordeña.
5 • Existen dos clases de abogados: los buenos, que conocen muy bien las leyes y los mejores, que conocen muy bien al Juez.
6 • Al abogado dile la verdad, que él se encargará de las mentiras.
7 • Nunca pelees con abogados: hablan mucho, concretan poco y lo peor de todo es que nunca les podrás ganar.
8 • El abogado es un caballero que salva vuestros bienes de vuestros enemigos y se los queda para él.
9 • Si las rejas de la carcel las pusieran directamente en la facultad de derecho, nos ahorrariamos muchos disgustos y ESO SI SERIA HACER JUSTICIA.
10 • La Justicia es invisible a los ojos gracias a que tu abogado se encarga de que la conserves y no debas preocuparte por ella.
RESPUESTAS DE UN ABOGADO: • Todos los que escribís aquí ya necesitareis algun dia un abogado y ojala que os desplume...
FELIZ DIA ABOGADAS/DOS

Quizá unos pocos pueden pensar que el tráfico de armas o la trata de seres humanos son las actividades más atractivas para los criminales, pero tanto unos como otros se equivocan: las actividades delictivas más provechosas y las que más dinero mueven en la actualidad son aquellas relacionadas con estafar fondos a los gobiernos. En última instancia, con estafarte a ti. Por poner un ejemplo rápido: el INE estimó que el impacto de la prostitución y el narcotráfico en España fue de 9.200 millones de euros en el año 2010. Por otro lado, el ministro de Hacienda anunció el otro día una recaudación record de 12.318 millones de euros en 2014 en la lucha contra el fraude; es decir, se recauda en un año por fraude más de lo que mueven conjuntamente los dos negocios ilícitos con más solera. Y no perdamos la perspectiva: 12.318 millones de euros es el fraude localizado, a los que pillaron, y si algo nos enseña la historia es que el fraude que localizan no es más que la punta del iceberg comparado con el que posiblemente existe. Y no me estoy refiriendo ahora a las empresas que se aprovechan de los huecos en las legislaciones de los países para pagar menos impuestos. Aunque a mí, particularmente, me pueda parecer moralmente discutible que empresas o particulares que ya ganan mucho dinero se valgan de argucias legales para pagar la menor cantidad de impuestos posible, lo cierto es que están en su derecho si lo hacen dentro de la legalidad -dicho sea de paso, es evidente que hay que cambiar la legislación para entorpecer estas maniobras, pero eso, como diría Kipling, es otra historia…-. Yo me refiero a los delincuentes de verdad: defraudadores, evasores y compañía. Y es que a los delincuentes, tradicionalmente, les ha gustado mucho estafar a los gobiernos. Esquivar impuestos elevados a ciertos productos puede ser muy rentable, y actividades como el contrabando son viejas como el tiempo, pero la capacidad de poner en movimiento grandes cantidades de mercancías y, sobre todo, de capital ha engendrado en los últimos tiempos nuevas formas de delito en los que el riesgo es limitado y los beneficios brutales. Cuando pillan a unos butroneros, que han robado algún milloncejo entrando con nocturnidad en una entidad bancaria, las fuerzas del orden salen en los telediarios y nos enseñan el dinero y los bienes requisados. Cuando vemos los fajos de billetes y las joyas robadas pensamos que es mucho dinero, pero todo el dinero que cabe en una mesa de la policía no se acerca, ni de lejos, al de una estafa media perpetrada por algunos señores con traje y corbata. Por eso resulta tan reveladora una de las frases míticas de la novela El Padrino, que curiosamente no sale en la película; cuando Sonny, el hijo mayor de Vito Corleone, le dice a su padre que quiere dejar los estudios para entrar en el “negocio familiar”, el Padrino le responde que se equivoca y le dice que “un abogado con su maleta puede robar más que 100 hombres armados”. Un ejemplo de lo que puede hacer un abogado con una maleta es el que se convirtió en la década pasada en el tipo de delito más pujante dentro de la Unión Europea, y que con matices sigue siendo importantísimo en la actualidad: el fraude al impuesto sobre el valor añadido en transacciones internacionales, más conocido como fraude carrusel. Se trata de un fraude que se aprovecha de las diferencias entre los sistemas fiscales de los distintos países, en este caso del IVA. Por no alargarme en la explicación, consiste en importar productos de un país de la UE, vender ese producto dentro del propio país repercutiéndole el IVA y embolsarse ese impuesto sin ingresarlo en Hacienda. De esta manera, Hacienda no solo no cobrará el IVA de la operación sino que además pagará la devolución al comprador que lo ha soportado. Tiene muchas variedades, unas que buscan directamente quedarse con el IVA y otras que lo que buscan es aumentar artificialmente la competitividad de ciertos productos al evitar el pago del impuesto, pero todas las modalidades tienen en común toda una retahíla de sociedades fantasma, sociedades opacas, testaferros, empresas “trucha” y papel, mucho papel… En este documento del Instituto de Estudios fiscales se menciona que el fraude en 2007 podía llegar a alcanzar los 170. 000 millones de libras por año -el doble del presupuesto de la Unión Europea por aquel entonces- y la propia Comisión llegó a admitir que Europa perdía más dinero por este fraude concreto de lo que costaban las políticas comunes. Solo por poner un ejemplo de lo que puede hacerse cuando las leyes dejan resquicios: en el documento antes mencionado se menciona que en 2007, en Alemania, desarticularon una banda de fraude carrusel donde un camión lleno de teléfonos viejos había estado yendo hacia atrás y adelante en la frontera Suizo-Alemana durante 5 años, generando 165 millones de euros en devoluciones del IVA. Esos 165 millones de euros que salieron del erario público alemán, para ir a los bolsillos de esos señores, dejaron de invertirse en carreteras alemanas, hospitales alemanes o rescates a bancos alemanes. A los señores del camión de teléfonos les pillaron, pero en este tipo de fraudes por cada uno que pillan cientos se escapan, y estas tramas fraudulentas no hacen más que crecer, porque a los fabulosos beneficios que generan se une que se trata de un delito aparentemente sin víctimas (en la estafa de dinero a los contribuyentes nadie es dañado físicamente). En el caso en concreto del fraude carrusel antes mencionado, dicho fraude es posible porque las políticas comerciales comunitarias generaron en 1992 la implantación de un régimen transitorio de aplicación del IVA, y no hay voluntad política para cambiar ese régimen transitorio. Los países por separado no pueden hacer nada para acabar con el fraude, más que pequeñas chapuzas normativas que los delincuentes aprenden rápidamente a eludir, y mientras no se tomen medidas legislativas que atajen la raíz del problema (lo que sería tan simple como que un país pudiese recaudar para otro) este fraude seguirá existiendo, y la mayor parte de los defraudadores escapando impunes. Porque en el caso de las defraudaciones clarísimas, como la de los teléfonos, a lo mejor el delincuente va a la cárcel. Pero cuando el fraude es más sutil, como el de muchos de los personajes ilustres, famosos y respetables que han salido en la lista Falciani, los delincuentes salen siempre de rositas. En el caso de esta lista en concreto, que por cierto, es el regalo con el que se encontró Montoro y que le ha permitido dar los buenos resultados de lucha contra el fraude de los que hablábamos antes, tener dinero en Suiza no es un delito, pero ocultar a la Hacienda de los países dinero por el que de acuerdo a la ley de dichos países tenían que tributar, sí que lo es. En este caso, una vez en posesión de la lista, la Agencia Tributaria se ponía en contacto con el delincuente -permítame llamarle delincuente, aunque se trate de ilustres banqueros o deportistas de élite- y le decía: sabemos que han sido malos, devuelvan lo que deben (o según muchos inspectores, mucho menos de lo que debían) y haremos borrón y cuenta nueva. Así regularizó sus 2.000 millones el difunto presidente del Banco de Santander, por ejemplo: Emilio, te hemos pillado, mala suerte: pero tranquilo que aquí no ha pasado nada. Por falta de recursos de la Agencia Tributaria, y porque muchas veces en este tipo de procesos, con pruebas conseguidas de la forma en la que llegó a manos de Hacienda la famosa lista, los abogados de los defraudadores suelen ganar los casos alegando que la prueba se ha obtenido de forma ilícita, tiene cierta lógica que no se emprendan acciones legales por defecto con estos señores; pero me cuesta imaginar a los GEO, enfundados en sus trajes, con las armas en la mano, a punto de entrar en una casa donde se oculta una banda de hábiles ladrones, pasándoles antes por debajo de la puerta una notita en la que les dicen “chavales, sabemos que habéis sido malos, pero si devolvéis lo robado no pasa nada, que no nos apetece empezar con lo de derribar puertas, tirar bombas de humo y esposar a gente, que es muy cansado”. Todos los políticos son muy dados a alardear de lo mucho que les gusta usar la mano dura cuando se trata de mantener la ley y el orden y de perseguir el delito, pero para perseguir ciertos delitos les falta voluntad política. O simplemente voluntad.

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