"Importa el presente". Del jugoso diálogo que sostuvieron Zamorano y Abreu en la noche previa al gran choque entre Chile y Uruguay, representantes los dos de grandes momentos de sus seleccionados en el pasado y ahora analistas calificados de lo que podía pasar en el futuro inmediato, quedó esa respuesta coincidente, por encima de las diferencias.

espondieron al unísono aquello del comienzo ante la pregunta inevitable y obvia sobre el peso de la historia en el choque entre un local que no ha ganado nada, presionado por estar en casa, y un visitante que lo ha ganado todo, acostumbrado a hacerlo fuera de su tierra. Y fue el presente el que definió nomás, cuando parecía que la historia ataba las piernas de uno y fortalecía la mitología del otro.

1) Ganó Chile porque sabe a qué quiere jugar. Le habían preguntado a Sampaoli si renunciaba a sus ideas a cambio del título y se vio forzado a decir que sí. Pero no fueron sus ideas las que trastabillaron en un momento, ni la intención de ejecutarlas, sino el peso de la historia sobre las espaldas de sus jugadores, sobre todo cuando tenían todo a su favor, con un hombre más. Salvo los cinco minutos iniciales, donde Uruguay lo hizo jugar incómodo, con el fantasma de la artillería aérea, siempre fue el dueño del partido.

2) Ganó Chile porque tiene jugadores como Isla (y Valdivia). No sólo hizo el gol de la victoria, en el momento de mayor incertidumbre. Fue el símbolo de un equipo que va siempre. Un lateral a la brasileña, capaz de transformarse en mediocampista y terminar como delantero. Paradojas del destino, la pelota le llegó a la puerta del área después de un centro aéreo que Muslera rechazó hacia el medio: la que era la mayor virtud del rival, terminó siendo el mayor beneficio propio.

3) Ganó Chile porque lo hizo perder a Cavani. La única carta que se guardaba Uruguay, en la Copa que debía ser su Copa ya sin Forlán y circunstancialmente sin Suárez, se convirtió en una tortura, agravada por el accidente de su papá. Y, peor, por la provocación de Jara. Lo que hizo el chileno merece una pena de oficio, como en su momento la sufrió Luis Suárez, también víctima del chileno en otra ocasión.

Si Chile perdió intensidad, si perdió profundidad, fue porque en su mochila, como un escolar inseguro, cargaba con estos apuntes: 4 derrotas y 2 empates ante los uruguayos en las últimas Copas América; el último triunfo, en este mismo estadio Nacional, allá por 1983. Pero eso es historia, ya. Y hoy Chile es presente.

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