Por Matías Resano

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En la ciudad catamarqueña de San Fernando del Valle tiene lugar la conmovedora historia de Martín Porteño, quien en tan sólo tres años dejó atrás un pasado de adicciones y malos hábitos para comenzar una nueva vida dedicada a los proyectos laborales y familiares.

El joven, de 24 años, mientras aguarda el nacimiento de su primer hijo, lleva a cabo un emprendimiento abocado a la fabricación de pizzas, que le recuerda aquellos viernes de su infancia en los que esa comida típica y los partidos televisados de San Lorenzo lograban el único momento de armonía en el hogar familiar.


Hace un año comenzó esta aventura gastronómica, que desarrolla en su propia casa, de la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, dejando atrás un pasado complejo de abandonos, violencia, adicciones y delincuencia. La fábrica de pizzas Su Majestad es el nombre y el principal emblema del giro admirable que Martín Porteño decidió darle a su vida hace tres años.

Al respecto, el propio Martín reflejó ante "Crónica" que "no fue de un día para otro que quería hacer pizza. Tengo una historia atrás que se remite a mi niñez, cuando sufría violencia familiar, pero el único día que había paz en la casa eran los viernes que jugaba San Lorenzo".

En aquellas jornadas "el fanatismo por el club nos unía y yo preparaba pizza con mi papá. Por eso, cada vez que preparo una y veo cómo la gente la come, recuerdo ese momento y me encanta".


Cambio de página


A sus 21, Porteño decidió dejar atrás nueve años de adicciones a las drogas, que de la mano lo llevaron a incursionar en el mundo del delito, protagonizando tres hechos de robo que lo sentenciaban a cumplir una condena penal. Pero cuando su libertad parecía hacerse añicos, "recuerdo que estaba en la comisaría y le pedí a Dios que me diera una oportunidad urgente. Le prometí que iba a cambiar y al otro día, luego del testimonio del damnificado, quedé en libertad".

A partir de entonces acudió a la ayuda del pastor evangélico Pablo Díaz, de la iglesia La Catedral de Jesús, y comenzó a vender sándwiches de milanesa en la calle, que de a poco lo ayudaron a salir de la mala situación que vivía. No obstante, recogió los mejores momentos de su infancia para primero casarse con Lourdes, con quien ahora espera el nacimiento de su hijo que será en diciembre próximo, y posteriormente puso en marcha el proyecto pizzero que actualmente encabeza.

Al respecto, el joven reconoció que la fórmula de su notable cambio radica en que "si bien la vida sigue, encaro las cosas de otra manera. Ya no dependo de la droga para reírme, para estar bien, sino que dependo de mi fuerza y voluntad".